El Dr. André Green (1927 - 2012) crea un corpus psicoanalítico teórico/clínico con identidad propia a partir de una relectura de todo el legado de Sigmund Freud y estableciendo diálogos epistémicos con las obras de Lacan, Winnicott y Bion. Fue un invitado asiduo de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), trabando importantes lazos científicos y de amistad con psicoanalistas rioplatenses.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Dr. Raúl Masino
Para el XIVº Simposio de la Sociedad Psicoanalítica de Córdoba, del 25 a 26 de Setiembre 2015.

Entre Eros y Tánatos….Narciso (herido).
“Dentro de mi no hay nada,
solo una vida que anhela darse por terminada”

Esta es una frase que recuerda durante una sesión un paciente de 17 años, sacada de una página de internet que se llama Desmotivaciones, que dice, según él, mucho de sí mismo….

Si pudiéramos escoger un rasgo distintivo en el psicoanálisis contemporáneo, probablemente habría acuerdo en situarlo en el terreno de los problemas del duelo. Se puede observar en el curso de las entrevistas preliminares, de ciertos analizandos, que no dejan ver en su demanda de análisis los rasgos característicos de la depresión, pero sí elementos relacionados con la neurosis de carácter y sus consecuencias sobre la vida amorosa y la actividad profesional, apoyados estos conflictos sobre un basamento de compromiso narcisístico.
Casi siempre estos síntomas reflejan el fracaso de una vida afectiva amorosa o profesional, que es la base de los conflictos más o menos agudos con los objetos próximos. No es raro que el paciente cuente de manera espontánea una historia personal, frente a la cual se piensa que habría debido o habría podido situarse una depresión de la infancia, que el sujeto no acusa. Esta depresión, que a veces tiene esporádicas traducciones clínicas, sólo saldrá a la luz en la transferencia. Es una revelación de la transferencia. Revelación de que algo siempre ha estado allí, algo “sabido pero no pensado”.
Podemos decir que existe una configuración depresiva central, pero a menudo inmersa en otros síntomas que la disfrazan en mayor medida. En el primer plano se sitúa la problemática narcisista. El sentimiento de impotencia es nítido. Impotencia para salir de una situación de conflicto; impotencia para amar, para sacar partido de las propias capacidades, para aumentar sus conquistas o, cuando esto se consigue, insatisfacción profunda con el resultado. Lo que esta depresión de transferencia indica es la repetición de una depresión infantil.
El análisis es investido fuertemente por el paciente. Acaso debemos decir el análisis, más que el analista, esto se traduce en una desafección secreta, se percibe una incredulidad en la ayuda que le podría brindar el análisis sin embargo no deja de venir. Esta posición se acompaña de una idealización de la imagen del analista, a quien es preciso mantener tal cual, inmovilizarlo y a la vez seducir, a fin de provocar su interés y su admiración.
La seducción se produce por la procura intelectual, la procura del sentido perdido, reafirmadora del narcisismo intelectual y que por añadidura importa unas ofrendas preciosas hechas al analista. Tanto más cuanto que esta actividad se acompaña de una gran riqueza de representaciones y de un muy notable don de autointerpretación, que contrasta con el escaso efecto que tiene sobre la vida del paciente, que se modifica poco, sobre todo en el plano afectivo. El análisis le resbala como el agua sobre las plumas del pato.
 En estos casos el lenguaje del analizando adopta a menudo estilo narrativo. Su papel es conmover al analista, hacerlo partícipe, tomarlo como testigo en el relato de los conflictos con que se tropieza en el exterior. Es como un niño que contara a su madre su jornada escolar y los mil pequeños dramas que ha vivido, a fin de interesarla y de hacerla participar en lo que ha conocido en su ausencia.
Como se colegirá, el estilo narrativo es poco asociativo. Cuando las asociaciones se producen, son contemporáneas de ese movimiento de retirada discreta que hace decir que todo ocurre como si se tratara del análisis de otro, que no estuviera presente en la sesión. El sujeto se distancia, se desprende, para no ser invadido por el afecto de la re-vivencia, ni por la reminiscencia. Cuando cede a estas, surge la desesperación, que se muestra al desnudo. Es que el análisis lo expone al vacío, a un vacio que suponemos nuclear y el acercarlos al mismo implicará uno de los momentos más críticos en el tratamiento, es ni más ni menos que exponerlos al quemar del hielo. Esto llevará mucho tiempo¡¡¡
Todo esto, y otros elementos más, inducen a pensar al analista, que en la historia de estos pacientes ha ocurrido un trauma en su economía narcisística. Es ahí cuando André Green construye en su teorización a partir de la experiencia clínica, el complejo de la madre muerta.
Este se trata no de la muerte real de la madre, sino a la madre muerta como una metáfora, atañe a la muerte de una imago materna (representación de objeto) constituida en la mente del hijo a consecuencia de una depresión materna, que transformó brutalmente el objeto vivo, fuente de vitalidad del hijo, en  una figura lejana, átona, cuasi inanimada, que impregna de manera muy honda las investiduras de ciertos sujetos que tenemos en análisis y gravita en el futuro libidinal, objetal y narcisista. La madre muerta es entonces, contra lo que se podría creer, una madre que sigue viva, pero que por así decir está psíquicamente muerta a los ojos del pequeño hijo a quien cuida ella. La “madre muerta” greeniana, dejó una huella “negativa” en su infante.
Surge una pregunta; ¿cuál es el impacto desde un punto de vista estructural? Aparece lo que se conoce como la “clínica del vacío” o la clínica de lo negativo. Green integra así la serie “blanca”: alucinación negativa, psicosis blanca y duelo blanco, que son el resultado de una desinvestidura radical, una retirada masiva y permanente, que deja huellas en la inconsciente en la forma de “agujeros psíquicos” que serán colmados por reinvestiduras, expresiones del Tánatos liberado así, por debilitamiento de la investidura libidinal de Eros. Existe una desinvestidura central del objeto primario, materno. Clínicamente vemos una “angustia blanca” que traduce la pérdida experimentada en el nivel del narcisismo.
El rasgo esencial es que esta depresión blanca, se produce en presencia del objeto, él mismo, la madre, absorbida por un duelo. La madre por alguna razón se ha deprimido. La variedad de factores es muy grande, puede estar relacionada con la pérdida de seres queridos, o por una decepción que produce una herida narcisista en ella. Los ejemplos abundan. En todos los casos, la tristeza de la madre y la disminución de su interés por su hijo se sitúan en el primer plano.

Consecuencias estructurales: Esta oquedad, esta herida narcisista, corresponde a la desinvestidura del objeto materno y una identificación con ese objeto perdido, aunque más que con él, es con el vacío que él ha dejado, en el núcleo se coloca un indiscutible desfallecimiento narcisista. Luego se observa en estos sujetos el brotar de la pérdida de sentido de ser, está prohibido ser. Esta situación puede llevar al niño a dejarse morir. También, con el tiempo y como un segundo frente de defensas, se puede activar un odio a ese objeto con el fin de mancillarlo y dominarlo, también desarrollan una búsqueda de excitación autoerótica, placer de órgano sin ternura y sin piedad, pueden llegar a ser inmisericordes con otros objetos, el otro no está ahí para amar sino para gozarlo sin ningún apego; esto puede parecer histeria pero no lo es, uno se puede confundir. La procura de un sentido perdido estructura, también, el desarrollo precoz de las capacidades fantasmáticas e intelectuales del yo. Existe un forzamiento de imaginar y de pensar, ni se juega ni se piensa con libertad, aquí se busca la preservación de una capacidad para superar el desconcierto. Se busca una prótesis de un pecho, a modo de un parche que enmascare el agujero de la desinvestidura.


El encuentro analítico permite, por sus características, evocar experiencias de otros tiempos y, aún más, experiencias que no pudieron ser. Pienso que en el caso del paciente que padece del complejo de madre-muerta, el encuentro analítico buscará descongelar dos experiencias.
Primero: “Matar a la madre muerta”. A propósito de esto, Green menciona que el analista debe empeñarse en  darle a la  madre muerta su “segunda muerte” pero que ésta se defiende como “la hidra” que, una vez cortada su cabeza, aparecerán miles más. Esta alegoría da cuenta de lo difícil de la elaboración del duelo blanco, y de la tremenda resistencia a la que el analista se enfrentará. La clave está en el enfrentamiento de la bestia ni más ni menos que en el  escenario transferencial. De este modo, por más absurdo que parezca, el paciente va a hacer todo lo posible para que el analista repita la historia de abandonarlo por otro objeto libidinalmente más atractivo y así repetir el trauma ahora con un  “analista muerto”.  Green describe que en transferencia son pacientes que generan un clima literalmente “frío”, distante, casi sepulcral, clima invernal  que está kilómetros de distancia del cálido ambiente histérico, por lo que el analista estará combatiendo continuamente su contratransferencia aletargada y  sus ganas –conscientes o no- de desligarse de su paciente. El término de contratransferencia “mortífera” es muy oportuno para estos pacientes.  Si, a pesar de todo, el analista se protege en seguir vivo, pensante y hablante, la batalla se habrá ganado, como consecuencia de la reparación de la urdimbre simbólica desgarrada que este posicionamiento traería aparejado.

Segundo: “Revivir al hijo muerto”. Esta idea remite en gestar funciones no conocidas hasta entonces por el sujeto, pero que estaban “conservadas” (a la forma del sí-mismo verdadero winnicottiano) en busca de un estímulo ambiental “suficientemente bueno” para desarrollarlas. El renacimiento del hijo muerto implica  el resurgimiento de su idioma humano y su ser genuino; éste será el premio de la elaboración del duelo congelado y la reactivación del interés por el mundo objetal. Para el sujeto sufriente del complejo de madre muerta, esta búsqueda nueva implica en primer término una reestructuración de la propia parte muerta y, secundariamente, la  búsqueda externa de objetos, al fin más vitales que mortuorios, mas lúdicos que rígidos, es decir, más susceptibles de evocar fenómenos transformacionales. Entiendo, con una importante firmeza, que el análisis y el analista pueden dar respuesta a esta cuestión.


lunes, 19 de enero de 2015

PERIODO ACADÉMICO 2015

“De la Representación a lo Irrepresentable”

“(…) lo esencial es recordar que la concepción psicoanalítica de la representación no podría quedar encerrada entre los límites de una actividad <ideica> pura. En otros términos: es preciso arraigarla tanto en la carne y en el espíritu”.
André Green, La Causalidad Psíquica

En este 2015 el “Espacio Psicoanalítico André Green / Tucumán” en el dictado de sus clases proyecta articular los desarrollos teóricos de André Green en torno a la representación con los productos teóricos de Freud e ideas importantes de César y Sara Botella de manera que, en un trabajo de complementariedad y enriquecimiento, se logre organizar una metapsicología de la representación que dé cuenta de lo irrepresentable del psiquismo. Se presentará, por lo tanto, la articulación alucinación-representación-percepción, la misma que intenta superar un psiquismo encerrado en los límites de lo reprimido-representado.

Asimismo, con los conceptos de Alucinación Negativa (Green) se intenta dar cuenta del trabajo psíquico que tiene como fin asegurar la representación, así como también la hipótesis de Green de la Función Objetalizante, contribuyendo a la capacidad de ligazón del yo, en la función misma de investir y de representar.

Por último, se intenta relacionar la Función Desobjetalizante (Green), lo Negativo del Trauma (César y Sara Botella) para pensar la clínica de las estructuras no-neuróticas, donde los efectos de la pulsión de muerte ponen en serio riesgo las capacidades de representación.


Si Ud. está interesado en incorporarse al Espacio, mande sus datos a través del siguiente mail: espaciopsicandregreentucuman@gmail.com

miércoles, 9 de julio de 2014

El único
En 1915 Freud escribe: el objeto “es lo más variable en la pulsión y no está originalmente conectado con ella” (Pulsiones y destinos de pulsión). Unos veinte años después, al evocar una vez más a la madre a la vez solícita y sexualizante, escribe lo siguiente:
“…ella no se conforma con alimentar, cuida al niño y de ese modo despierta en él varias otras sensaciones físicas agradables o desagradables. Gracias a los cuidados que le prodiga, se convierte en la primera seductora. Mediante esos dos tipos de relaciones, la madre adquiere una importancia única, incomparable, inalterable y se convierte para ambos sexos en el primero y más poderosos de los amores, prototipo de todas las relaciones amorosas ulteriores” (Compendio del psicoanálisis).
Si de un texto al otro no se trata de una mera contradicción, hay de todos modos, por lo menos, un desplazamiento del acento, del objeto intrínsecamente variable al único objeto.
La cuestión de un eventual nuevo paradigma es inseparable del hecho de que el régimen borderline imponga a la madre como figura central del análisis y la transferencia, a diferencia de la atención prestada por Freud, en primer lugar, al complejo paterno. Forzaríamos apenas los términos si dijéramos que en “relación de objeto”, objeto quiere decir la-madre o, más arcaicamente, el-pecho…Una madre, tanto más única, irremplazable y no sustituible cuanto que fuera depriving, rejecting. Tanto más imposible de perder (de “objetar”) cuanto que no permitió que pudiera elaborarse la pérdida de sí misma. Cosa que pudo hacer tanto al tener una presencia psíquica excesiva como al no estar nunca. Por ello el análisis – que deja la bobina por el jarrón – tiende a confundirse con un trabajo de duelo: trabajo a la vez de separación-diferenciación-constitución del objeto y trazado de las fronteras del yo. A menos que se impongan la melancolía…y lo interminable.

Dr. Jacques André
(Parte del texto  “El objeto único” del Seminario organizado  en Sainte-Anne ´96-`97,
Los estados fronterizos ¿Nuevo paradigma para el psicoanálisis?

Dr. Jacques André es Licenciado en Filosofía. Doctor en Psicopatología y Psicoanálisis. Profesor de Psicopatología clínica en la Universidad Denis-Diderot Paris VII. Ha desarrollado varios trabajos sobre un psicoanálisis de la feminidad. Psicoanalista (miembro de la Asociación Psicoanalítica de Francia, APF). Director del Centro de estudios en psicopatología y psicoanálisis (Paris 7) y de la «Petit Bibliothèque de Psychanalyse» en Puf.




lunes, 24 de marzo de 2014

La pulsión…un concepto "metabiológico" en Freud.

“Si ahora, desde el aspecto biológico, pasamos a la consideración de la vida anímica, la pulsión nos aparece como un concepto fronterizo entre lo anímico y somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal” 

(Sigmund Freud - “Las pulsiones y sus destinos”, Obras Completas, Volumen XIV,  Pag. Nº 117, Standar Edition.)


Cito un pequeño análisis que André Green hace del concepto de pulsión freudiano.

“Si ahora (hipótesis),
desde el aspecto biológico (adoptando el “eje” de la ciencia de la vida, o sea, el aspecto del cuerpo somático),
pasamos a la consideración de la vida anímica (la vida del espíritu),
la pulsión nos aparece como un concepto (se trata del concepto, y no del fenómeno de la pulsión; el término lleva comillas)
 fronterizo (es un concepto en la frontera de lo conceptualizable)
entre lo anímico y somático (concepto frontera en la frontera, en el entrelazamiento entre lo psíquico y lo somático),
como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma (el concepto de pulsión remite a la idea de representación psíquica; deslizamiento semántico: lo que estaba entre lo psíquico y lo somático, representante psíquico de los estímulos que vienen del interior del cuerpo-dicho de otro modo-, aunque localizado entre lo psíquico y somático, adquiere el estatuto de representante psíquico; oscila hacia este lado cuando llega a la vecindad de lo psíquico, por más que nazca en el interior del cuerpo),
como una medida de la exigencia de trabajo (medida, por lo tanto cantidad, para ser trabajada, es decir, transformada)

que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal” (lo psíquico sufre la cantidad venida del cuerpo al que está ligado; dicho de otro modo, esto psíquico es el esclavo de lo corporal, un esclavo al que se le impone el trabajo de un cuerpo que él no trabaja pero que lo hace trabajar)


La referencia a una causalidad biológica ejercerse en los psicoanalistas un efecto a la vez intimidatorio y revulsivo. También es preciso desmitificar lo que los biólogos pretenden que se acepte, esto es, la intervención de factores absolutamente determinados que actúan según mecanismos implacables y autosuficientes.
La tesis fundamental de Freud es la de un psiquismo nacido del trabajo de transformación de las relaciones entre el organismo biológico (la pulsión como un concepto metabiológico), los datos del mundo exterior (percepción) y las instituciones pertenecientes a le realidad social (la otredad), donde el lenguaje tiene la importancia que se sabe.
Es sabido que el concepto de energía (como parte del montaje pulsional) constituye un problema en el psicoanálisis posfreudiano. ¿Cómo hablar de la tendencia al acto omitiendo su presencia? ¿Qué se puede decir de la impulsión sin referirse a la energía? Sigue pareciéndome justificado definir procesos primarios y procesos secundarios en términos de energía libre y energía ligada.
Green va a ampliar en concepto de energía postulando la existencia de una “energía desencadenada-constrictiva” y de una “energía reticulada extensiva e intensivamente desplegada”.
En el primer caso nos hallamos en un más allá de la energía libre, que remite a un caos que se gobierna de una manera casi automática. Es un estado que sólo se desencadena porque hay una situación que la psique siente como intolerable. El incendio que se instala busca opacar totalmente a la psique misma o volverla sorda e insensible a la de los demás y sin potencialidad discursiva.
La segunda forma, es la forma más diferenciada de la energía ligada. La imagen que mejor plasma aquí la ligazón, es la imagen de la red, considerada sobretodo como despliegue sobre varios pentagramas, quedando así en conexión fenómenos de superficie y profundidad, de exterioridad y de interioridad tanto como registros de expresión de modos diversos. Este modelo de funcionamiento se aplica a la creación artística, al descubrimiento científico, al de la especulación intelectual y, en primer término, a la conceptualización de la relaciones entre las diferentes formas de actividad psíquica según su atribución a las instancias.
La elaboración del concepto de energía se relaciona estrechamente con la hipótesis sobre el funcionamiento pulsional y es particularmente apto para enlazar los fundamentos del universo psíquico con sus realizaciones más avanzadas.
Es precisamente un conjunto semejante el que podría asociar a una “metabiología”….Cuando, queriendo recusar ciertos postulados freudianos, se construye una teoría del psiquismo sobre bases purificadas de toda conexión con lo biológico, ya nada viene a dar consistencia a un psicologismo que no conoce más referencias que las del sentido o de la relación con el otro. Lo que pretende tan sólo ser una corrección menor disimula un deseo de operar una mutación que da nacimiento a un psicoanálisis de otra especie. El examen crítico permite evaluar todo lo que se hace desaparecer de la teoría freudiana. Y al mismo tiempo esto nos priva de aquello capaz de esclarecernos sobre el sentido y las características de los modos no neuróticos de funcionamiento. Tenemos derecho a preguntarnos qué teorización puede explicarlos mejor.
(André Green - Las cadenas de Eros - Actualidad de lo sexual - 1997)



sábado, 22 de febrero de 2014





Si te interesa tener una formación más allá de lo establecido en el movimiento psicoanalítico tucumano, más allá de lo mismo, no lo dudes

...te esperamos...

Seminario Anual 2014

 "Hacia una Metapsicología de la Clínica Contemporánea"




Programa 2014

Temas a desarrollar teórica y clínicamente

El Sujeto de la Pulsión
 El Objeto revelador de la Pulsión
Teoría Generalizada de la Representación
La Representación y lo Irrepresentable

De  la Histeria Oral
Sobre la Analidad Primaria
De la fobia a la Posición Fóbica Central


Dirigido a Psicólogos, Psiquiatras y estudiantes de los últimos cursos de Medicina y Psicología interesados en formarse en Psicoanálisis.



Inicio de Actividades: 19/03/14. 
Lugar: Instituto JIM, Junín 674, 3er. piso, 21 hs.