sábado, 10 de agosto de 2013

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Si rastreas las entradas encontrarás unos tips de André Green que te servirán de orientación acerca del pensamiento de este psicoanalista y los textos de Freud sobre los que se comenzará a trabajar
Tip Nº 8

La Crisis del Psicoanálisis y el Giro del Milenio.

Es posible que los historiadores del psicoanálisis marquen el fin de los años 1000 y el comienzo de los años 2000 distinguiendo en nuestra disciplina lo que propongo llamar el giro del milenio. Hoy, cuando algunos esperan con impaciencia la muerte del psicoanálisis, yo por mi parte veo el signo de una renovación, la inauguración de una etapa que lo hará salir de los peligrosos impasses en los que había caído.

(Palabras de cierre en el coloquio abierto «Unidad y diversidad de la práctica de los analistas» de la Sociedad Psicoanalítica de París, organizado por A. Green en 2006)

Tip Nº 9

Al final de su artículo «¿Qué clase de investigación para el psicoanálisis?» (1996a) leemos:

Habiendo reflexionado mucho acerca de la presente crisis del psicoanálisis tal como se manifiesta en los congresos de la IPA, he llegado a la conclusión de que el mayor riesgo para el futuro del psicoanálisis es la declinación y posible caída del pensamiento psicoanalítico, del espíritu del psicoanálisis, del estado mental específico que habita al analista durante su trabajo y su pensar. Nuestra misión es mantener vivo este espíritu.

Qué dice Green con eso del «espíritu» del psicoanálisis?. Para aclararlo, en su «respuesta a Robert S. Wallerstein» (1996b) escribe:

En cuanto al «espíritu» del psicoanálisis, estoy seguro de que cualquier analista practicante de «tiempo completo» (full time) puede comprender a qué quiero aludir. Podríamos decir que se trata de aquello que constituye el fundamento (ground) de la identidad psicoanalítica trabajando […].
A veces hay una sensación de que esta (identidad) se encuentra bajo la amenaza de eclipsarse o desaparecer bajo diversas influencias. Algunas corresponden a factores externos y otros internos al psicoanálisis. Mi énfasis en el estado mental del analista operando en la sesión quizás pueda aclararse más. En el contexto de la presente discusión hablar del abordaje altamente subjetivo del analista no solo implica oponerlo a los métodos «objetivos» de la investigación cuantitativa; sino subrayar el peculiar –si no único– funcionamiento de la escucha del psicoanalista.

Luego agrega:

Aludo a las oscilantes, alternantes y provisionales construcciones que van teniendo lugar, a veces simultáneamente y a veces consecutivamente, durante el trabajo psíquico. Este trabajo psíquico debe ser puesto en relación con conocidos procesos análogos como el trabajo del sueño, el trabajo de duelo y demás.

Y concluye:

Todavía se está buscando un método de investigación que sea coherente, no solo con el contenido del psicoanálisis sino con el tipo de pensamiento que es su verdadero objeto. Lamento decir que mi impresión es que el método adoptado hasta ahora [de la investigación empírica y cuantitativa] ha distorsionado la naturaleza del objeto. Si como dice un dicho «la prueba del budín está en comerlo», que éste sea indigerible debería ser una evidencia aun más fuerte.

Tip Nº10

Para la construcción de un paradigma contemporáneo, el autor de La causalidad psíquica apuesta por la relación interdisciplinaria con la epistemología de la complejidad. En «Hacia un psicoanálisis del futuro» (2002c) –su ponencia en el histórico coloquio «El trabajo analítico» que organizó en la UNESCO – concluye del siguiente modo:

Henos aquí procurando orientar la investigación futura. Para afrontar el psicoanálisis del mañana se requiere un pensamiento nuevo. Está en germen en la obra freudiana aunque se lo suele ignorar. Es el pensamiento hipercomplejo que Edgard Morin nos ha ayudado a conocer mejor. El mismo reposa sobre tres principios:

1.      La complejidad dialógica, que afirma que la relación es más importante que los términos que ella reúne. Ella supone al menos dos términos. No voy a desarrollar, pero sí a mencionar, la coincidencia con lo que el psicoanálisis contemporáneo denomina la terceridad.

2.      La recursividad, que nos obliga a no separar esquemáticamente las causas y los efectos. Pues la causa produce efectos que retroactúan sobre la causa; y el efecto deviene a su turno causa. Es lo que se denomina «curva recursiva». Y el après-coup y la resignificación nos han preparado para comprender fácilmente esta causalidad no lineal.

3.      El punto de vista hologramático: la parte está en el todo que se reencuentra él mismo dentro de la parte. Y el todo está en la parte que a su vez está en el todo.

Tip Nº 11

Discutiendo el modelo post freudiano, y en particular la noción bioniana de rêverie como modelo de la contratransferencia totalizante, escribe:

¿En qué consiste la escucha del analista?

 En primer lugar en comprender el sentido manifiesto de lo que se dice, condición necesaria para todo lo que sigue; después, y es la etapa fundamental, en imaginarizar el discurso, es decir no solamente imaginarlo, sino incluir en él la dimensión imaginaria construyendo de otro modo lo implícito de ese discurso en la puesta en escena del entendimiento. La etapa siguiente (delirará o) desligará la secuencia lineal de esta cadena, evocará otros fragmentos de sesión: recientes unos (acaso de la última sesión), menos recientes otros (aparecidos hace algunos meses) y, en fin, mucho más antiguos otros (por ejemplo un sueño de comienzos del análisis). […] El analista tiene la tarea de ser el archivista de la historia del análisis y de buscar en los registros de su memoria preconsciente para lo cual convocará sus asociaciones en todo momento. He ahí el fondo sobre el cual se desarrolla la capacidad de ensoñación del analista. Ésta cobra cuerpo en la última etapa, la de religazón, que se efectuará seleccionando y recombinando los elementos así espigados para dar nacimiento a la fantasía contratransferencial que va al encuentro de la fantasía transferencial del paciente [1986].


viernes, 9 de agosto de 2013

Tip 7
La neurosis, objeto esencial del psicoanálisis freudiano, entregó sus secretos merced a la incomparable mirada que Freud dirigió sobre ella y que desdeñó arrojar sobre las estructuras psicóticas… al menos las miró muy poco. No sólo porque la neurosis es más coherente, por lo tanto inteligible, y más analizable en consecuencia, de derecho, sino de hecho. Desaparecido Freud, ella sigue ocupando un importante lugar en la bibliografía analítica y ha inspirado noventa años de trabajos.
Los analistas aman a los neuróticos porque los hacen a ellos inteligentes: los comprenden; eficaces: a veces los curan; amables: aquí la transferencia positiva domina siempre. Los casos fronterizos (no-neuróticos) los vuelven tontos: no ven nada ahí; culpables: tienen el sentimiento de no merecer sus honorarios; detestables: son más odiados que amados por el analizando ciego a sus esfuerzos, e ingrato, por añadidura.


De “La Nueva Clínica Psicoanalítica y la Teoría de Freud” – 1990.

lunes, 5 de agosto de 2013

No existe reflexión sobre el proceso psicoanalítico que no parta del examen de su célula básica:
la sesión de análisis.
.........
Si de tanto en tanto el analista quiere saber en qué punto está o, mejor dicho, en qué punto está el paciente con él, no tiene nada mejor que preguntarse qué  piensa él mismo de la calidad del trabajo realizado en sesión,…el mejor criterio sigue siendo la fecundidad potencial de la sesión….lo que nosotros llamamos generatividad del proceso durante la sesión.

“…en el análisis, es como si el calor y el frío se necesitaran: cuanto mas calientes estén las cosas, mas se confrontará el paciente con un doble deseo contradictorio de enfriar, apagar y hasta frenar el conflicto volviéndoles la espalda a sus propias creaciones y de aceptar que el sufrimiento conflictivo se reavive para poder ir adelante, analizarlo y superarlo.
Aquí la actitud del analista también es importante para el desarrollo de este (proceso analítico)…desarrollo que él mismo puede facilitar, contrariar, estimular o refrenar hasta extinguirlo.
Lo importante de alcanzar es esa actitud de neutralidad benévola clásicamente recomendada…Receptividad, disponibilidad y humor parejo forman parte, sin lugar a dudas, de un analista ideal que sólo existe en los libros y en la cabeza del analista. Sin embargo cuando decimos receptividad y disponibilidad, no nos estamos refiriendo sólo a la simple apertura del analista a las palabras del paciente ni a la recepción favorable de sus proyecciones…Hablamos también de receptibilidad y disponibilidad del analista para con sus propias producciones inconscientes (con ese paciente en particular), que no sólo deberá tolerar sino también entender.


De “Ideas directrices para un psicoanálisis contemporáneo”-Año 2003-

domingo, 4 de agosto de 2013

Lacan por André Green
Entrevista realizada a Green por Fernando Urribarri.
Final del formulario
Hábleme de su encuentro y de su relación con Lacan.
–Creo que mis relaciones con Lacan se dividen en tres etapas. Desde 1954 a 1960, desde 1960 a 1967, y desde 1967 en adelante. La primera fue una etapa de observación mutua, de acercamiento, mientras que la segunda fue de colaboración activa. La última fue de mayor independencia, desarrollando mi propia obra. Encontré a Lacan en 1954 en Saint Anne, un año después de la salida de su grupo de la Sociedad Psicoanalítica de París, para fundar con Lagache y Dolto la Sociedad Francesa de Psicoanálisis. Sin conocerme personalmente, él me enviaba mensajes, me hacía llegar sus textos –incluso a través de mi amigo Rosolato, que se analizaba con él–. Quería que yo me alineara de su lado. Por mi parte, yo estaba fascinado con las lecturas de sus trabajos. El encuentro personal ocurrió en el Coloquio de Bonneval de 1960. Entonces me invitó a su seminario y comenzó una etapa de colaboración. Fue un período de extraordinaria riqueza intelectual en Francia. El de la convergencia en el movimiento estructuralista de los aportes de Lévi-Strauss, la recuperación de De Saussure gracias a Merlau Ponty, de Marx gracias a Althusser. Se tenía la impresión de un progreso, de desembarazarse de ciertos fardos y limitaciones: especialmente del marxismo mecanicista, de la fenomenología de Sartre y el predominio del punto de vista genético. Lacan se inscribió en ese movimiento estructuralista a su manera. Pero lo que destacaba a Lacan era la profundidad de su lectura de Freud: iba lejos, hacía pensar. Porque tenía una manera de dirigirse a lo inconsciente. Y provocaba efectos. Aunque cuando uno era psicoanalista y volvía al consultorio a escuchar a sus pacientes, y se preguntaba qué relación tenía lo que decía Lacan con la práctica, surgían dudas sobre su consistencia.
¿Cómo fue ese período de colaboración?
–Yo jugaba en el movimiento lacaniano y en el entorno de Lacan el rol de la “oposición de su majestad”. Mi pertenencia a la Sociedad Psicoanalítica de París me daba la posibilidad, casi exclusiva, de ser con Lacan un interlocutor crítico. Posiblemente eso ayudó a que me hiciera el honor de ser el primero de mi generación invitado a exponer en su seminario. Además, Lacan estaba siempre dispuesto para trabajar. Si uno quería por ejemplo discutir de un tema, él lo invitaba a uno a la casa, a cenar, a conversar. En general, fue un estímulo fantástico que ciertamente le agradezco. Es cierto también que Lacan era un político, un jefe de escuela, que jugaba con todos los resortes para forzar los lazos con él: de la intimidación a la seducción. Favoreció mucho la fantasía del hijo dilecto. Era un gran seductor. Los recuerdos que tengo de ese período me permiten decirle que Lacan fue alguien a quien quise muchísimo. Si no digo eso faltaría algo esencial en mi discurso.
¿Qué balance actual hace usted de los aportes de Lacan al psicoanálisis?
–Para hacer un balance, aunque sea muy esquemático, hay que hablar de la teoría y de la clínica. El aporte primero y principal de Lacan fue renovar la lectura de Freud. De dos maneras: por un lado postulando y demostrando la necesidad de una lectura profunda, en la que desplegó toda su maestría. Por esta vía recuperó la distinción freudiana entre instinto biológico y pulsión sexual; el rol central del deseo como motor de lo humano; la comprensión del complejo de Edipo ya no como mera fase, sino como una estructura fundamental de la subjetivación/socialización; la importancia fundamental del lenguaje en la teoría y en la cura analítica. Por otra parte, Lacan, con su notable erudición, propuso reinterpretar y reelaborar éstas y otras cuestiones freudianas apoyándose en los aportes de otras disciplinas. Primero la lingüística saussureana y la antropología de Lévi-Strauss. Más tarde la matemática y la topología. Esto que inicialmente parecía muy estimulante resultó luego decepcionante. Porque se empezaron a hacer evidentes las importaciones y extrapolaciones inconsistentes desde un campo del saber a otro. Tomemos por ejemplo la fórmula “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”: comporta la reducción de la heterogeneidad del inconsciente freudiano (que combina afectos y representaciones) a la homogeneidad del orden significante, propio del lenguaje. Entonces Lacan proponía a la lingüística como “ciencia piloto” y negaba toda importancia al afecto. Luego, con la búsqueda de formalización teórica mediante formulas matemáticas (matemas), el extravío fue aún mayor. En la caducidad de estos aspectos de la obra de Lacan no es menor el hecho, comprensible, de que muchas de las teorías utilizadas fueron modificadas o superadas en sus propios campos de origen. Un ejemplo rotundo proviene justamente de la lingüística, por el descubrimiento de los trabajos inéditos de Ferdinand de Saussure, quien entre otras muchas cosas reemplaza la noción de significante por la de figura vocal. Además, toda la lingüística francesa actual –liderada por Culioli, Rastier y Bouquet– ha pasado de lo que se denomina el predominio del polo lógico gramatical (que el estructuralismo y Lacan privilegiaron) al polo retórico-hermenéutico. Aunque aquí también hay que decir que el problema no es tanto quizás de Lacan sino del lacanismo, como movimiento dogmático que no es capaz de revisar el pensamiento de su Maestro. Puesto que al propio Freud es necesario re-trabajarlo para que pueda servirnos ante los desafíos actuales.
¿Y cómo ve el aporte de Lacan en cuanto a la clínica?
–La clínica es un terreno en el cual el aporte de Lacan me parece acotado, incluso des-actualizado. Porque en lo esencial sus aportes se refieren a la neurosis. Y en menor medida a la psicosis, principalmente a la paranoia. Siempre limitándose a comentar los casos de Freud, o de otros autores “clásicos”. Así que en realidad no conocemos la clínica de Lacan, ni su verdadero pensamiento clínico –aquel que está directamente ligado y articulado con su propia práctica–. Por otra parte, Lacan no llega a reconocer ni abordar los cuadros “limítrofes”, que predominan y definen el campo psicoanalítico contemporáneo. Niega o sencillamente ignora la especificidad de los funcionamientos limítrofes (“borderline”), de los trastornos psicosomáticos o narcisistas, como la anorexia, la bulimia, las adicciones, etc. Las patologías del acto, que ponen completamente en jaque la palabra. Para peor, las famosas sesiones ultracortas (de 5 a 15 minutos) copiadas luego por sus seguidores, resultan particularmente inadecuadas para tratar a estos pacientes graves.
Después de la muerte de Lacan, ¿cómo considera usted la evolución de su legado intelectual?

–Después de Lacan, que es un autor fundamental, hay dos grandes movimientos. Incluso desde antes de su muerte. Uno que es lacaniano: para el que Lacan es un referente excluyente, y que constituye un movimiento bastante dogmático, que está dividido en muchas fracciones y capillas. Aunque a veces encontramos algunos lacanianos independientes, menos sectarios, que además se abren al diálogo con otros autores. Por otro lado, hay un movimiento post-lacaniano. Comienza en los ’70 y es una corriente de pensamiento heterodoxa, institucionalmente transversal. En lugar de un nuevo discurso totalizante irá construyendo una nueva matriz freudiana abierta, pluralista, compleja. Una matriz que es al psicoanálisis lo que el Pensamiento Complejo (de Edgard Morin y otros) es a la epistemología. Es lo que hoy se conoce como Psicoanálisis Contemporáneo. El movimiento post-lacaniano está compuesto e impulsado por la mayoría de los primeros y principales discípulos de Lacan. Los que lo seguimos en nombre de la renovación freudiana y la libertad de pensar y que fuimos rompiendo con él a medida que devino un Jefe de una Escuela Lacaniana que reclamaba militantes dogmáticos para su causa. Me refiero a J. Laplanche, P. Aulagnier, J-B. Pontalis, G. Rosolato, D. Anzieu, D. Widlocher, J. Kristeva, entre otros. Los post-lacanianos rechazan el lacanismo y el anti-lacanismo. Por un lado, reivindican la riqueza de ciertos aportes de Lacan, y por otro proponen ponerlos a trabajar dentro de una matriz pluralista, abierta a los nuevos desafíos que presentan los nuevos cuadros clínicos y las formas actuales del malestar en la cultura. La primera encarnación de este movimiento la constituyó la Nueva Revista de Psicoanálisis, iniciada por J-B. Pontalis, en 1970. Yo acostumbro a decir que esta corriente, que hoy es la que predomina en Francia, cuyos autores son ciertamente los más reconocidos, produjo una verdadera revolución en la clínica. Especialmente al explorar y ampliar los límites de la “analizabilidad” de los pacientes que pueden tratarse mediante formas renovadas de la técnica psicoanalítica. Más recientemente, he llegado a pensar que, como es lógico, este proceso ha producido la emergencia de un nuevo paradigma, teórico y clínico, contemporáneo. Su fundamento es freudiano, y está actualizado con los aportes de Lacan (que es uno de los autores mayores, de referencia) junto con los de otros autores fundamentales: como por ejemplo los de Winnicot y Bion. Todos estos aportes están sometidos a la prueba de la clínica con las estructuras no-neuróticas que predominan en la actualidad. Los autores contemporáneos han explorado nuevos temas y territorios, muchas veces excluidos por el modelo lacaniano, como el afecto, el cuerpo, la historia, el yo, etc. Y han procurado apoyarse en, e incluso hacer avanzar, los desarrollos de Lacan. Es lo que uno puede reconocer en los aportes de Laplanche sobre el significante enigmático en la teoría de la seducción; en las ideas de Aulagnier sobre el pictograma (distinto y articulado con lo imaginario y simbólico); en los escritos de McDougall sobre lo psicosomático entendido como una forma de “histeria arcaica”; o incluso mis trabajos sobre la “terceridad” y el “trabajo de lo negativo” como matrices del sentido y la significación.
6 de noviembre de 2011